La Tamborrada, su identidad y Ollagorra
Sabemos que esta hermosa fiesta de la tamborrada se inspira en la condición de plaza fuerte que Donostia mantuvo hasta mediados del siglo XIX y en algunas de las consecuencias que la convivencia y el continuo deambular de soldados y civiles por el interior de las murallas, en sus cotidianas actividades, provocaban, entre ellas: marchas militares, desfiles, mofas, celebraciones, algarabías…
A los historiadores y a sus fuentes les resulta difícil establecer la fecha en que podemos empezar a llamar tamborrada a una celebración de la que sí nos ofrecen algunos de sus antecedentes y, sobre todo, sus claras señas de identidad. Uno de estos antecedentes se sitúa en los carnavales de 1836, en plena Guerra Carlista, el día en que una de las comparsas del Carnaval donostiarra parodió el redoble, que sobre algunos recipientes, producían donostiarras de ambos sexos mientras aguardaban turno ante una de las fuentes que surtía de agua a la ciudad, imitando el de los soldados del castillo. Otro de ellos nos indica que la fiesta va adquiriendo carácter de tradición gracias a la procesión que, en honor del patrono de nuestra ciudad, recorría el camino entre Santa María y la iglesia del Antiguo, consagrada a San Sebastián. Y por citar uno más, el desfile que, año tras año, a las tres y media de la madrugada salía del local de la Sociedad "La Fraternal" redoblando el "Sheshenarena", zortziko creado por el maestro José Juan Santesteban, hasta que la Marcha de San Sebastián, compuesta por Raimundo Sarriegi en 1860, la sustituyó.
La exposición de estas breves pinceladas de la historia de la tamborrada no pretende hacer ninguna aportación a la ciencia histórica, ni tiene en sí misma un objetivo divulgativo, sino que busca descubrir, entre líneas, los valores y los rasgos de identidad de esta gran celebración, cuyas inequívocas claves son: fiesta, recuerdo, alegría, tradición, buen humor, música, diversión, desfile, carácter popular…
La joven tamborrada de Ollagorra, creada en 1989, ha ido descubriendo, madurando e interiorizando, poco a poco, esos valores mencionados y ha logrado un equilibrio ideal entre lo que significa la fiesta alegre y divertida y el respeto a la tradición, a la ciudad, a los paseantes donostiarras y foráneos, espectadores de nuestra tamborrada, y al nombre de la sociedad a la que representa, sin olvidar la mejora constante en la interpretación del repertorio oficial, dotando a la misma de un definido e innovador estilo particular.
Todo esto ha contribuido a que la Tamborrada de Ollagorra se haya hecho un hueco entre las tamborradas más numerosas en su composición, más seguidas y vistosas y sea un referente de esta donostiarra fiesta sin igual.
La ilusión y la dedicación de las personas que desde la Comisión han guiado la Tamborrada a lo largo de estos años y sin duda, lo más importante, la sensata actitud y las ganas de divertirse sana y responsablemente de todas y todos sus participantes son las artífices del bonito logro de haber llegado de esta manera hasta hoy.
¡Larga vida para la tamborrada de Ollagorra!
Fernando Pérez Del Ama
"Ollagorra Tamborrada 1989-2013 - 25 urte". Pág. 9